Ante tal cantidad de información, casi todo el mundo sabe ya qué datos debe incluir en su currículo, cómo debe presentarlo y cómo debe vestirse, comportarse e interactuar con su entrevistador para causar la mejor impresión y conseguir el empleo en caso de ser seleccionado.
Pero lo que no he visto todavía es un solo consejo para reclutadores de personal que, en ocasiones, olvidan que quien se dirige a ellos demandando un puesto de trabajo es un ser humano merecedor de respeto y consideración, con independencia de su cualificación profesional o su idoneidad para el puesto solicitado.
Alguien que se toma la molestia de remitir a una empresa su C.V. con una carta de presentación merece, como mínimo, una respuesta acusando el recibo de la misma. No cuesta nada. Es facilísimo configurar una contestación automática en el correo electrónico con unas palabras que expresen el agradecimiento y asegurando al remitente que le llamarán en caso de producirse alguna vacante acorde con su perfil. Un sencillo gesto de deferencia que mejorará la imagen de la compañía y complacerá a quien se dirija a ella en demanda de trabajo. Me pregunto, entonces, por qué casi nadie lo hace.




