Publicado en REVISTA PROTOCOLO: http://www.revistaprotocolo.es/portada/portada/3878-emociones-a-traves-de-los-cinco-sentidos-en-la-produccion-de-eventos.html
En el artículo de la semana pasada explicaba el concepto de marketing sensorial, emocional y experiencial como una estrategia de comunicación comercial que intenta hacer vivir al cliente una experiencia única con el fin de grabarse en su subconsciente e incitarle a consumir un producto o a recordar con agrado una marca. Decía también que estas técnicas tienen aplicación en la producción de eventos, puesto que el objetivo del organizador no es otro que ganar posicionamiento en la mente de sus públicos haciendo que la imagen corporativa o institucional salga beneficiada. Desde este punto de vista, el ámbito comercial y el ámbito protocolar tienen intereses comunes.
En la era de Internet y la TV, todo el mundo tiene acceso a los mejores y más espectaculares eventos a través de los medios de comunicación – conciertos, grandes inauguraciones de acontecimientos deportivos, galas, etc. -, por lo que el nivel de exigencia del público es cada vez mayor y el listón está cada vez más alto para los organizadores, que deben hacer verdaderos esfuerzos de creatividad y rigor técnico para conseguir que el acto resulte memorable y brillante. Pero, a diferencia de esos grandes acontecimientos, en el terreno de lo cotidiano la celebración de un evento casi siempre debe solventarse con presupuestos sumamente ajustados, cuando no auténticamente exiguos. Es entonces cuando se impone la optimización de los recursos disponibles y hay que echar mano de la imaginación para lograr los mejores resultados con la menor inversión. El objetivo está claro. Pero, ¿cuáles son los medios? Aquí es donde el marketing sensorial nos puede ayudar, con su propuesta de llegar al corazón de nuestros públicos a través de sus sentidos. De todos sus sentidos.
Empecemos por la vista. Sabemos que el ser humano percibe multitud de sensaciones a través de los impactos visuales. Pues esmeremos la puesta en escena. El equilibrio de la composición, los materiales, la decoración, las luces, todos son elementos que deben apoyarse mutuamente para construir un conjunto coherente, estético y simbólico. Y aquí entran en juego los colores. Los colores, dentro de esa armonía global, deben estar dotados de significado. Por ejemplo, la alfombra roja destinada al recorrido de los invitados más ilustres… ¡no tiene por qué ser roja!. Lo hemos visto estos días en el Festival de cine de San Sebastián, donde se lució una alfombra negra, a juego con la cartelería y el merchandising, en negro y amarillo. Y lo vemos cada año en la entrega de los premios Príncipe de Asturias, con su alfombra azul, igual que el tapizado del escenario y de la mesa, que simbolizan el color del Principado y el del blasón del Príncipe. Y el mismo principio es aplicable a la decoración floral. La gama cromática y variedad de las flores no deben ser elegidas aleatoriamente, sino aprovechando el significado que puedan aportar. Me viene a la memoria la cena de gala que los emperadores de Japón ofrecieron a nuestros reyes con motivo de su visita a Tokio. Los centros florales de las mesas estaban compuestos por rosas rojas y amarillas, los colores de la bandera de España. Es un detalle que no cuesta nada, sólo un poco de atención y de ganas de agradar. Pero con criterio.



