La tradición manda recibir el nuevo año al ritmo marcado por las doce campanadas del reloj y comiendo una a una las doce uvas de la suerte pero este no es el único ritual necesario en la Nochevieja, otras costumbres y otras culturas realizan gestos aún mucho más extraños.
Las doce uvas
Nadie sabe a ciencia cierta cual es el origen de las doce uvas y desde cuando se decidió que atraen la buena suerte. Hay teorías que echan la culpa de esta tradición a unos viticultores alicantinos a los que allá por 1909 les sobraba la cosecha de uva, otros aseguran que la costumbre se inició en Italia por una situación parecida y con el fin de colocar un excedente de cosecha. Los más forofos de las uvas de la buena suerte afirman que sus inventores fueron los hebreos a los que les gustaba regalar a sus invitados al final del año una uva por cada hora que habían pasado juntos.
Oro en la copa
Una manera de asegurarse la buena suerte que proporciona el brindar con champán en fin de año es poner algo de oro, mejor un anillo, en la copa en el momento del brindis. No hay que sacar el oro de la copa hasta después de beber y de abrazar a los presentes en el momento de celebrar la llegada del año, de lo contrario el ritual no vale.
Si se coloca la alianza de boda en la copa de la pareja la duración y estabilidad del matrimonio está garantizada por un año. También sirve esta fórmula para asegurarse el amor de una persona, sólo hay que colocar un anillo en su copa en el momento del brindis y dejar que beba. Ya no podrá resistirse.
Brindar con champán
Brindar con champán da buena suerte y no es para menos si se piensa que sus orígenes están en evitar la muerte por envenenamiento. Entre las malas costumbres de los griegos estaba la de cargarse a sus invitados poniéndoles unas gotitas de veneno en el vino con el que se les obsequiaba después de una estupenda cena. La moda del envenenamiento en la copa fue copiada después por los romanos y por alguna que otra civilización. Como antídoto, el más eficaz era que primero bebiese el anfitrión y, comprobado su estado de salud, bebieran los demás… de ese gesto al brindis sólo hay un paso.
Comunicación, Protocolo,Organización de Eventos, Imagen personal, Imagen Corporativa, Etiqueta, Saber estar
27/12/10
20/12/10
¿Cuánto dura el espíritu navideño?, por Olga Casal
Pero a medida que se acerca el 25 de diciembre, la población va experimentando una contagiosa dulcificación del carácter. Es curioso, pero hasta los más antipáticos envían felicitaciones (bendita Internet, que nos permite hacerlo a golpe de ratón, en un segundo y con envíos masivos), esbozan una sonrisa y expresan sus mejores deseos para todo el mundo. Es el espíritu navideño. A partir de ese momento, todo son parabienes, felicitaciones, buenas intenciones… Son días de concordia, de paz y armonía, en los que todos nos sentimos buenos y generosos. Y seguramente lo somos.
Pero, casi sin darnos cuenta, llega enero. Los buenos deseos se olvidan y las buenas intenciones también. Se acabó la Navidad. Volvemos a la rutina, al gesto torcido y a los sinsabores del día a día. Empieza la cuesta de enero, los kilos de más y el dinero de menos. ¡Qué poco ha durado el espíritu navideño!
Os propongo que este año lo prolonguemos un poco más, hasta febrero. Así ganaremos un mes de sonrisas y amabilidad. Además, si cada año hacemos lo mismo, alargándolo otro mes, antes de que nos demos cuenta, tendremos un año completo mucho más grato. Los problemas serán los mismos, eso sí, pero los veremos de otra manera. Ahí os dejo la invitación.
De momento, y con independencia de que aceptéis o no mi propuesta, deseo a todos los que lean estas líneas y a los que me siguen fielmente por una u otra vía una feliz Navidad y … como mínimo…. que en el 2011 vayan mejorando las cosas. Ojalá que así sea,
¡A todos, gracias... con mi mejor sonrisa!
13/12/10
Protocolo en Navidad, cortesía en la mesa, por José Luis Delgado
Las costumbres en la mesa de Nochebuena afortunadamente han evolucionado mucho en los últimos años y se ha perdido la drástica rigidez y la intolerancia sobre el respeto a las normas clásicas. Sin embargo, la elegancia y buen hacer con los cubiertos y posturas sigue siendo un factor que pesa y se valora; yo diría que más que protocolo es buena educación, al igual que la vestimenta correcta que debe utilizarse en una fiesta de Nochebuena.
Esta noche es una noche entrañable en la que no debe faltar la alegría, que es más importante que las normas del protocolo. Lo verdaderamente importante es que en todos los componentes de la familia reine la unión y el amor, que disfrutemos de la pascua de la Navidad, sintiéndonos felices, y los pequeños armando el jaleo correspondiente.
EL PROTOCOLO DE LA MESA.
La cena de Nochebuena se rige por una máxima: es más importante la alegría y buena sintonía de todos los invitados que el protocolo.
La Nochebuena altera las líneas básicas del protocolo y por tanto prevalecen otras normas que las tradicionales.
1º.- Los dueños de la casa, marido y mujer, serán los anfitriones.
2º.- A la derecha del anfitrión sentaremos a la abuela o bisabuela, puesto que ese es el sitio de
honor.
3º.- La precedencia esa noche la otorga la edad; los más mayores tienen precedencia sobre los
más jóvenes. Aunque uno de nuestros hijos sea ministro y otro, el de mayor edad, sea un empleado éste tendrá precedencia sobre el ministro.
4º.- Las nueras y los yernos tienen más precedencia que los hijos y las hijas.
5º.- Los tíos siempre van por detrás de los hijos de los anfitriones.
6º.- Si hay niños hay que prepararles una mesa aparte, decorada con motivos infantiles y
navideños (mucho espumillón) que a ellos les guste y se sientan complacidos. Si fueran muy
pequeños, entonces los sentaríamos junto a la madre en la mesa principal para que hagan
el menor ruido posible y además darles de cenar.
6/12/10
Cómo poner la mesa. La importancia de los detalles, por Olga Casal
1. Muletón: Tejido de doble cara, siendo una de ellas plástica y la otra afelpada, que cumple varias funciones: por una parte, absorbe los líquidos que accidentalmente se derramen sobre la mesa, evitando que se propaguen por todo el mantel y dañen la madera, y, por otra, amortigua los ruidos de los cubiertos y copas al ser manipulados por el comensal o el camarero. Se coloca debajo del mantel con el plástico con contacto directo con la mesa y la felpa hacia arriba.
2. Mantel: Debe ser de tamaño proporcional a la medida y forma de la mesa, presentándose siempre perfectamente limpio y planchado. Puede llegar hasta el suelo o, en caso de mesas nobles, exceder unos 40 cm. por cada lado. El mantel hasta el suelo puede llevar un cubremantel por encima que caiga por los lados entre 25 y 30 cm como mínimo.
3. Servilletas: Serán cuadradas, de 50 ó 60 cm. de lado y se presentarán en la mesa dobladas con sencillez, es decir, en cuadrado, rectángulo o en pico, situándose sobre el plato, si éste es llano, o bien indistintamente a la derecha o a la izquierda.
4. Bajoplato (opcional): Esta pieza sirve para señalar el puesto del comensal. Estará presente durante toda la comida hasta el momento de servir el postre. Entonces lo retirará el camarero. Debe armonizar con la vajilla en colores y materiales, aunque es una pieza independiente. Se colocará a unos 2 cm. del borde de la mesa.
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