25/12/14

Una puesta en escena distinta para un nuevo reinado, por Olga Casal


Una puesta en escena distinta para un nuevo reinado, por Olga Casal

Por fin llegó el saludo navideño de Felipe VI, el primero de su reinado, tan esperado por ver si reflejaba ese tiempo nuevo que había anunciado en su acto de proclamación. Y sí, llegó. Al menos desde el punto de vista formal, que es lo que me propongo comentar en este post.

El despacho de trabajo al que el rey Juan Carlos nos tenía acostumbrados como fondo de sus discursos navideños dio paso a un salón mucho menos rígido, más doméstico y familiar, lo que nos habla de una clara intención de acercarse al ciudadano medio que le escucha al otro lado de la pantalla. En él aparece el rey sentado en una silla sin la barrera visual que supone una mesa de despacho,  con el único fondo de una pared blanca y una ventana con cortinas entreabiertas que dejan vislumbrar un árbol de Navidad iluminado. Quiero interpretar en este fondo la metáfora de la transparencia y la claridad que parecen ser el leit motiv de nuestro nuevo rey, aunque esa visión se vea interrumpida por el picaporte que en algunos planos aparece inmediatamente detrás de su cabeza. Quizá debiera haber estado un poco más medida esta panorámica, igual que el plano largo que se ve en la foto siguiente, que me parece un poco saturado de objetos y símbolos.

Una puesta en escena distinta para un nuevo reinado, por Olga Casal

Por lo demás, creo que la puesta en escena fue correcta: la flor de Pascua como motivo navideño a un lado y las fotos familiares al otro, dejando claro que el núcleo familiar se reduce al rey, la reina, la princesa de Asturias y la infanta Sofía, además de los reyes eméritos, que aparecen en otra foto cuando se muestra  un plano más abierto en el que vemos también la bandera de España, esta vez sin la omnipresente bandera europea. Debo decir que esto me ha emocionado especialmente, ya que llevo años expresando mi desacuerdo con la sobreutilización de la bandera de la UE en el ámbito de la política interna española, que, a mi manera de ver, desvirtúa muchas veces el sentido último del mensaje institucional. Un pequeño nacimiento sobre una mesa completa el cuadro y lo interpreto como una concesión a la antigua y arraigada  tradición española, y no como un símbolo religioso.

También desde el punto de vista de la técnica audiovisual he visto cambios: una realización ágil, con cambios de cámara, alternancia de planos cortos y largos, e incluso una cámara en movimiento, aunque éste recurso no se resolvió con mucho acierto.

Por lo demás, he visto un discurso muy pensado y muy ensayado, cargado de expresiones emotivas enfatizadas por la gestualidad de las manos que -tengo que decirlo- se veía un poco desautorizada por la rigidez corporal del rey sentado y con las piernas cruzadas. Sin embargo, su expresividad facial, el azul de sus ojos reforzado por el color de la corbata me convenció. Vi sinceridad y honestidad en sus gestos y en sus palabras y creo en su intención de iniciar un tiempo nuevo en el que las instituciones estén al servicio de los ciudadanos y estos las perciban como propias, porque lo son.

Como resumen, sólo puedo decir que mi voto es para el rey.

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