21/6/10

El Toisón de Oro, una condecoración real, por José Luis Delgado





Dos preclaros hombres, Javier Solana y Víctor García de la Concha, fueron en el mes de enero merecedores de que el Rey Juan Carlos les otorgara el Toisón de Oro, el primero por “su dedicación y entrega al servicio de España, de la Corona y de Europa” y el segundo por “su dedicación y entrega al servicio de España, de la Corona y de la unidad de la Lengua española”. Vaya por delante mi personal aprecio a quienes desde el día 15 de junio cuelgan ya en su pecho el Collar de la Insigne Orden y que hacen los números diecisiete y dieciocho de las altas personalidades vivas que ostentan la prestigiada condecoración.
El Toisón de Oro no es una condecoración de Estado, como sí lo son la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III (máxima Condecoración que otorga el Estado Español), la Real Orden de Isabel la Católica o la del Mérito Civil, sino que por el contrario es una orden de carácter “familiar” o “dinástica”, que han ostentado los jefes de las distintas Casas Reales y que en la actualidad pertenece a la “Familia Borbón” y al Rey Juan Carlos como Jefe de la Casa Real Española. Quede esto claro para no confundir y tergiversar la historia de la Orden.
El Rey de España lo otorga directamente a quien cree merecedor de tan alta distinción, y todo ello con arreglo al artículo 65 de nuestra Constitución y al RD 1368/87, de Honores, Tratamientos y Distinciones a la Familia Real.
La Constitución, sin embargo, establece que la persona del Rey es inviolable, no tiene responsabilidad y todos sus actos tienen que ir refrendados por el Presidente del Gobierno. Viene siendo práctica habitual que lo que hace el Consejo de Ministros es “oír” la decisión del Soberano, no “acordar” la concesión. Se dice en el Real Decreto oportuno: “oído el Consejo de Ministros Vengo en nombrarle Caballero…” Y así se publica en el Boletín Oficial del Estado.
Fíjense que cualquier otro Real Decreto que vean en el diario oficial llevará siempre la siguiente frase: “a propuesta del Ministro de...y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día…dispongo.”; es evidente que existe una importante diferencia entre simplemente “oír” o “acordar”.

Es claro, por tanto, que no ha sido el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quien ha concedido el Collar del Toisón de Oro a Javier Solana y a Víctor García de la Concha, lo mismo que tampoco lo hizo cuando se le concedió a Adolfo Suárez. Esto viene a cuento pues cuando el Rey le otorgó el Toisón a este último, la ejecutiva provincial socialista de Ávila se quiso colgar la “medalla”. Sin embargo, ha sido personal y directamente el Rey Juan Carlos quien en uso de sus facultades y por ser el Gran Maestre de esa Orden les ha concedido tan alta distinción, dando prueba de su “Real aprecio”.

Si vamos más allá, como señala el historiador José Luis Sampedro, no se entiende muy bien que esta concesión tenga que publicarse en el B.O.E. puesto que no es una condecoración de Estado. Las concesiones que el Rey hizo a José María Pemán, al Duque de Alburquerque, a Torcuato Fernández Miranda y al Marqués de Mondéjar no aparecieron nunca publicadas ni refrendadas por el Presidente del Gobierno por ser “órdenes comunicadas de Su Majestad”.

Esta es, a mi juicio, la posición que debería haberse seguido siempre, ya que el Rey dispone libremente en lo referente a la organización de su Casa. De esta forma, eliminaríamos el concepto, que creo injustificado, de que la Insigne Orden sea tratada como una condecoración nacional y no como distinción nacida en el Ducado de Borgoña. Asimismo su seña de identidad también debería ser que sus concesiones fueran hechas en borgoñón como mandan sus estatutos, práctica seguida en el exilio por D. Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Definitivamente, el gobierno de turno es totalmente ajeno a la Institución.

La alta distinción, cien años posterior a la famosa Orden inglesa de la Jarretera, la crea en 1429/1430 (los historiadores no se ponen de acuerdo con la fecha) Felipe III, Duque de Borgoña y Conde de Flandes, “Felipe el Bueno”, cuando se casa con Isabel de Portugal y Lancaster. La palabra “Toisón” viene del francés que significa “vellón”, o piel del carnero. Ambas, Jarretera y Toisón, se consideran en la actualidad las dos de mayor prestigio y antigüedad que existen en el mundo. La orden se constituyó en defensa de los débiles y al servicio de la Iglesia de Dios.

La piel del carnero cuelga de un collar con veintiséis eslabones y pedernales despidiendo llamas y con una frase en latín recogida del Libro de los Jueces, en la figura de Gedeón, en su lucha contra los madianitas: “Ante Feriti, Quam Flamma Micet” (Golpea, antes de que surja la llama), junto a las “B” de Borgoña.

Quinientos cincuenta y cinco años más tarde, el año 1985, marca un hito en la historia de esta venerable Orden ya que el Rey Juan Carlos concedió por primera vez a una mujer el grado de Caballero del Toisón. Se trataba de la Reina Beatriz de Holanda, a la que ese mismo año le siguió la Reina Margarita de Dinamarca y en 1989 la Reina Isabel de Inglaterra. Dato igualmente curioso es que desde el año 1994 y hasta 2004 el Rey no concedió ningún Toisón. Diez años de sequía, muy significativos.

Los Collares son vitalicios y sólo se pueden entregar sesenta unidades. El Emperador Carlos V hizo Caballeros a 51 personas. A la muerte de los condecorados sus herederos tienen que devolver el Toisón de Oro, cosa que en algunas ocasiones no ocurre porque sus descendientes “no saben dónde está”. Desde que se fundó la Orden se han otorgado aproximadamente unos mil doscientos collares, todos ellos perfectamente numerados, y cuyo coste en la actualidad es de unos cincuenta mil euros cada uno.

Anécdota digna de ser contada para finalizar fue aquella en la que el Infante D. Jaime de Borbón, hermano de D. Juan de Borbón, sin ningún derecho a ello, otorgó y entregó personalmente al General Franco un Toisón de Oro para que lo luciera en la Boda de su hijo el Duque de Cádiz con María del Carmen Martínez- Bordiú Franco, la “nietísima”. Franco no se lo colgó nunca al cuello, puesto que era consciente que D. Jaime no era el Jefe de la Casa Real Española, y por tanto carecía de validez

José Luis Delgado García
Asesor y consultor en Protocolo y periodista
Delgado & asociados

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