14/11/11

Frente al debate. La comunicación no verbal cuenta. Y mucho, por José Luis Delgado















Nuestra imagen personal es nuestra “Carta de Presentación”, es decir, es la puesta en escena que nos diferencia de los demás. Por ello, la primera impresión que se lleva alguien de nosotros es trascendental para definir el cauce que tendrá la posible relación que allí se inicia. Desde la postura corporal, los gestos, el tipo de ropa que vestimos, los zapatos que utilizamos, la minuciosidad de nuestra indumentaria, hablan de nuestra personalidad. Es fundamental que hagamos ver a los demás nuestra pulcritud en todos sus detalles y mostremos una imagen armoniosa, que abarque tanto la parte física como nuestra condición humana.
Por ello, la armonía entre la comunicación verbal y la no verbal es fundamental y más en la política ya que nuestros adictos y los que pretendemos captar para nuestra causa deben ver coherentemente el mensaje que se les transmite, sin que el cuerpo, la cara o los gestos ofrezcan mensajes diferentes o incluso muchas veces contradictorios a los que se manifiestan a través de la palabra.
La sonrisa quizás sea el gesto más difícil de controlar y de utilizar premeditadamente y esto la convierte en una gran baza o en un gran problema: es un gesto que transmite seguridad y autoconfianza cuando es llano y sincero, pero, si es falsa trasmite duda, inseguridad, desconfianza e incluso ironía.


La interpretación del lenguaje del cuerpo, de la cara y de las manos ha sido siempre más que un pasatiempo y los estudiosos de esta semiótica, como Flora Davis, nos dice que el 93% de lo que comunicamos los seres humanos es por medio de la comunicación no verbal: nuestro tono de voz, nuestra postura, las micro expresiones de nuestra cara y algunos gestos…. son factores a tener muy en cuenta.
Ralph Waldo Emerson dijo aquello de que “Cuando los ojos dicen una cosa, y la lengua otra, el hombre con experiencia confía en el lenguaje de los primeros.”
Con los políticos la comunicación no verbal llega a su punto álgido, porque nos puede ayudar a comprender sus emociones, a sentir la falsedad o verdad de su sonrisa, a si las ideas o las intenciones que desgranan todos los días de campaña se las creen ellos mismos, más que por estarlas expresando con palabras.
Esta semana, las televisiones del país conectaron con la Academia de Cine y TV para retransmitir el único debate que se realizara de cara a las próximas elecciones del 20N con los dos principales candidatos a la presidencia del Gobierno, Rajoy y Rubalcaba. Mucho ha cambiado en este tipo de debates desde aquellos años 60 en los que se enfrentaron por primera vez en el mundo nada menos que Nixon y Kennedy. En aquel debate se pudo observar un gran contraste de opiniones entre las personas que lo habían escuchado por la radio y aquellas que lo habían visto por televisión. Mientras los primeros decían que el claro ganador era Nixon, los segundos apostaban por Kennedy. Nixon se encontraba recién operado de su rodilla y al llegar a plato se negó a que lo maquillasen, por lo que se pasó el debate entero entre gestos de cansancio e incomodidad. Mientras que a Kennedy sí le maquillaron, por lo que se mostró con mucha más vitalidad que Nixon y una imagen más morena y más fresca.
Que quiere decir, simple y llanamente que en la actualidad un buen discurso no es nada si no va acompañado con una buena imagen y las expresiones adecuadas. Este debate fue el que reveló la gran importancia que tenía la comunicación no verbal en el mundo del marketing político.
Si analizamos la imagen externa de los dos candidatos, veremos cómo cada uno pretende ofrecer a los ciudadanos una determinada estrategia comunicativa, de cara a que cada persona que vea el debate obtenga una opinión crítica.
Antes de analizar a los dos candidatos en su habitual forma de comunicarse con los ciudadanos de este país, yo creo que por curioso habría que saber que tanto Rajoy como Rubalcaba tienen, al menos, cuatro rasgos en común, que probablemente ustedes ya los habrán detectado, aunque no se había dado hasta ahora en ninguna de las elecciones democráticas habidas en nuestro país. El primer rasgo, que los dos rondan ya los sesenta años, Rubalcaba los ha cumplido y a Rajoy le faltan un par de años, es decir, ningún candidato hasta ahora sobrepasaba la cuarentena, lo que nos indica que eso puede ser síntoma del envejecimiento de nuestra democracia, como apuntaba algún periódico extranjero, o como yo creo, de que en estos momentos los ciudadanos necesitan personas que les den cierta confianza a través de la experiencia de quienes nos van a gobernar. Y los dos la tienen a raudales. La segunda, que los dos, curioso, utilizan barba y ninguno de los dos se la quiere quitar, forma parte de su personalidad y de la imagen de pericia sabiendo que la misma les hace mayores. Tercera, que aún, como ha ocurrido, el PSOE ha usurpado y utilizado los mismos colores corporativos que su contrincante el PP, los dos en esta campaña están utilizando el azul, como color de referencia que ofrece serenidad. Se podría decir que ¿los socialistas están intentando confundir al electorado? Y el cuarto punto, que los dos son del mismo equipo de futbol, el Real Madrid. Muchas coincidencias.

De esa comunicación no verbal, a la que venimos haciendo referencia, extraemos que se pueden estudiar tres apartados, peluquería, estilismo y maquillaje.
En cuanto a peluquería en Mariano Rajoy se ha podido observar un cambio en la coloración del cabello. Se ha oscurecido, ocultando las canas, creando, sin embargo, un gran contraste con la barba que conserva su color original canoso. En el caso de la barba, se ha optado por conservarla casi sin recortarla, pero manteniéndola poco poblada.
¿Que se ha pretendido con el oscurecimiento del cabello? una clara intención de dar un aspecto más juvenil al candidato Rajoy, ya que habitualmente se asocia el pelo canoso con la tercera edad. Con la barba se conserva la misma estrategia que con el cabello, la decisión de mantenerla es un recurso para ocultar las arrugas del rostro, fruto de la edad, y ocultar también las señuelas que le dejó un accidente automovilístico. Uniendo cabello y barba en cuanto a señas de identidad de su rostro lo que se ha conseguido es que globalmente su aspecto sea más juvenil. Se ha tratado de recortar la edad visual del candidato.
Mariano Rajoy no era hasta estas elecciones muy dado a la moda, al estilismo, más bien remaba contra corriente, y sin embargo en estas se ha podido ver una clara evolución. En su anterior etapa utilizaba trajes oscuros de una talla superior a la que debería, y se caracterizaba por la utilización de corbatas grandes de colores y estampados demasiado llamativos.
Frente a las inminentes elecciones los trajes han pasado a ser mucho más entallados y los colores oscuros se han sustituido por algunos claros, en su mayor parte azul y blanco que dan calidez y armonía a su imagen. Las corbatas  han pasado a ser en tonos azules, lo que conlleva por otra parte, como no podía ser de otra manera, la utilización de la imagen corporativa del Partido Popular. Pero es más, sus asesores de imagen, han hecho que en el mitin de Canarias Rajoy apareciera incluso con unos pantalones vaqueros y una camisa blanca abierta. Aire juvenil en tierras cálidas.
Y por último, en cuanto al maquillaje, cabe destacar el trabajo con photoshop al que se  ha sometido el candidato Popular. Es una alternativa rápida para el lavado de imagen que no requiere de tiempo y esfuerzo por parte del candidato teniendo en cuenta su apretada agenda. En lugar de mejorar la forma física mediante el deporte se procede a modelar su silueta mediante el photoshop. Ocurre con los dientes y la eliminación de arrugas del rostro. Todo ello le confiere una imagen más limpia y rejuvenecida, capacitada para llegar a sectores más específicos y asemejarse a candidatos políticos que lograron la victoria gracias en parte a una imagen impecable, como Obama.
Sin embargo, en el debate televisivo pudimos ver a un Rajoy extremadamente maquillado, igual que Rubalcaba, que en algunos momentos nos hizo pensar en un cierto “acartonamiento” del rostro. Tanto maquillaje puede proporcionar una imagen no real de los candidatos.
El candidato Popular hay que decir que es un buen comunicador oral, sin embargo, una vez que analizamos globalmente a Rajoy, juntando comunicación verbal y no verbal aparecen ciertas inseguridades que nos demuestran que su aparente seguridad es fruto de un aprendizaje previo y no de una aptitud nata. En lo que a la fluidez se refiere su problema de dicción con la letra “s” entorpece notablemente el discurso.
La mirada, en el caso de Mariano Rajoy, debería mejorar. Siempre que la aparición pública del candidato requiere de la lectura de un discurso, pierde rápidamente el valor comunicativo mirando continuamente al papel y elevando la mirada hacia sus oyentes durante escasos segundos de manera repetitiva. Y además en algún momento parece que tiene estrabismo.
Los movimientos posturales de Rajoy han pasado de unos andares que algunos medios de comunicación definían como “con movimientos poco acompasados, quizás torpes” a mantener una postura erguida, con paso decidido y ligero, mucho más natural.
Y por último, bien aconsejado, utiliza en sus mítines siempre el mismo gesto con la mano de arriba hacia abajo denominado gesto batuta, que indica firmeza y se utiliza para matizar y reafirmar lo que se expresa en el discurso mediante la palabra. La mayor arma de Mariano Rajoy es la apariencia amable y cercana que transmite físicamente.

En cuanto al candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, la peluquería poco se puede analizar sobre el peinado. La barba de Rubalcaba es un recurso para paliar precisamente la calvicie en la zona superior. También, al igual que ocurre con Rajoy, en el caso de Rubalcaba se utiliza para esconder evidencias de la edad en el rostro y dar igualmente una imagen más juvenil que contrarreste la edad real del candidato, acrecentada por esa calvicie.
El estilismo de Rubalcaba no ha sufrido una transformación tan evidente como la del candidato Popular. Lo único que se ha intentado ha sido suavizar su imagen mediante la paleta de colores. Antes utilizaba siempre tonalidades oscuras en los trajes, apoyadas con corbatas azul marino y corinto. Todo ello ha pasado a convertirse en un estilo más armonioso mediante la utilización de camisas blancas, azul claro, y corbatas en la misma línea incluyendo ahora los mítines en los que las sigue utilizando en alusión al color que ahora tiene de fondo en todas sus comparecencias, el azul. El aspecto es más desenfadado y cómodo dentro siempre de la elegancia, que transmiten en el candidato una imagen más humana y menos estricta que la anterior. Sin embargo, tiene un enorme defecto que sus asesores de imagen tratan de corregir, en algunas ocasiones aparece con pantalones vaqueros, pero su hechura es de los años sesenta, es decir, son vaqueros que no le favorecen nada, que no son modernos.
El maquillaje al que se expone Rubalcaba a través del retoque fotográfico es menor que el de Rajoy. Son estrategias diferentes que pretenden lanzar mensajes distintos. Rubalcaba apuesta por la naturalidad y potencia su aptitud como buen orador sin necesidad de centrarse mucho en una campaña de imagen.
La voz de Rubalcaba tiene un volumen variable dependiendo de los momentos del discurso, tono firme, entonación correcta, la velocidad es variable según el ritmo del discurso. Hace uso de silencios retóricos en momentos concretos para mantener la atención o resaltar una frase dejando que el público medite en ella y la asimile.
Y en cuanto a la comunicación visual es uno de los recursos que más utiliza el candidato socialista como orador. Sabe que tiene unos ojos que con el paso de los años han caído un poco pero que eso le provoca una cierta mirada infantil y de picardía de los niños pequeños. Lo sabe y lo alimenta. Mantiene constantemente el contacto visual con los receptores haciendo partícipe a cada uno de ellos de sus palabras.
Rubalcaba posee un lenguaje gestual bastante rico. Utiliza durante sus disertaciones gestos ilustradores, tanto apuntadores como espaciales y batuta. Sin embargo, al igual que Rajoy, el candidato socialista abusa de gestos repetitivos de arriba hacia abajo con las manos en forma de pirámide que resultan demasiado reiterativos y distraen al oyente del propósito y objetivo de lo que emite con sus palabras.
Es en la semiótica postural donde quizá más falla Alfredo Pérez Rubalcaba. Su postura, lejos de ser erguida, es demasiado encorvada y la naturalidad de la que goza en sus discursos se convierte en una postura estática y sin lenguaje corporal cuando lee los discursos.
Quizás por eso, y por la diferencia de altura entre Rajoy y él, el Partido Socialista desechó inmediatamente la idea de hacer un debate de pie, frente a un atril cada uno de los candidatos.
Y volviendo al debate, tendría que decir que el formato no gustó a los profesionales del periodismo, entre los que me encuentro, sin entrar en el costo que supuso, medio millón de euros, con la que está cayendo. Y no gustó porque es un debate absolutamente encorsetado, y como decía el otro día el Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, los periodistas ya no servimos ni como “atrezzo”. A mi me hubiera gustado el formato de periodistas preguntado a los candidatos. Hubiera sido mucho más fresco y dinámico, y a lo mejor nos hubieran aclarado eso del “modelo austriaco”.


José Luis Delgado García
Profesor de Habilidades de Comunicación
Universidad Camilo José Cela

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